Cuando Aníbal cruzó España

« Ellos lo reconocieron y se acercaron a él. Uno tenía las orejas terriblemente partidas, otro la rodilla con gran herida, y el tercer con la trompa cortada. Sin embargo, lo mirabán con tristeza como personas razonables ; y el que no tenia trompa, bajando su enorme cabeza y doblando las rodillas, trató de halagar suavemente con la punta horrenda de su horrible muñón. En repuesta a esta caricia, dos lágrimas salieron de sus ojos » (Salammbô – Gustave Flaubert). Amilcar ganó su batalla contra los mercenarios, pero se desespero de haber perdido casi todos sus elefantes. En 242, estos paquidermos no pudieron solos  decidir de la victoria.

Si este animal hizo su entrada en las tropas indias 2500 años antes de Cristo, en el occidente, se descubre en 331 a.C a través de Darío, rey de Persia (522 – 486 aC), que derrotó a los macedonios con quince elefantes. Pero estas tropas no conocieron siempre victorias. En la batalla de Hyspade (326 aC), cien elefantes, encabezados por el rey indio Paurava, tuvieron que ceder ante la habilidad de Alejandro Magno. Este se apoderó de los animales y los trajó hasta Italia. Fue un choque sin precedentes. El elefante se convirtió en el arma imprescindible de cualquier ejército que se precie.

Hannibal et les éléphants

Aníbal fue el primero en utilizar elefantes durante la larga campaña en la segunda guerra púnica. Partido de España con cincuenta animales, perdió trece de ellos al cruzar el Ródano, y otros veintinueve pasando los Alpes. En final, luchó con pocos paquidermos en Trebia y sin ningun animal en Trasimeno. Comenzaron ya a perder interés para los ejercitos. El medievista francés Robert Delort explica que este relativamente breve paso por los ejercitos occidentales es porque el elefante era una arma de doble filo, « las batallas que han ganado han sido las tropas que por lo general jamás habian visto estos animales. La sorpresa de los enemigos compensaba el peso de estas formaciones, que excluia cualquier táctica sofisticada. Poco a poco, los enemigos trataron de neutralizar el « monstruo » con hachas afiladas para cortar los jarretes, hoces para cortar las trompas, javalinas anchas y afiladas como navajas de afeitar para atravesar los flancos y tambien catapultas capaces de lanzar piedras para aplastar o al menos mutilar los elefantes. Los soldados, vestidos con una armadura erizada de picos, eran armas vivientes para el elefante cuando los cogia con la trompa. También, empujaron cerdos cubiertos de una mezcla encendida, cuyos aullidos de terror hicieron girar vuelta a los paquidermos.

Su última aparición al campo de batalla occidental fecha de 1402, durante la ofensiva victoriosa de Tamerlán contra el sultán Bayaceto. Pero también fueron utlizados por los japoneses durante la segunda guerra mondial, como portaderos de municiones en Birmania y para los aliados como constructores de puentes y carreteras.

 Otra guerra comenzó para el elefante : su propia supervivencia. La creciente demanda de tierras agricolas y los cazadores furtivos que lo buscán por su marfil ejercen una presión importante sobre estos animales fantásticos. Antes que solo se encuentren en los parques zoológicos, en los libros de los niños o en los de historia, tenemos que replantear nuevas formas de convivencia y entender la necesidad de preservar espacios muy grandes para los más grandes animales terrestres.

XPB

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